Por: Cristy Padrón

Fotos: Omar Castillo

Con su gira «De Rancho en Rancho con Amigos», el sinaloense armó una noche de corridos, banda y camaradería junto a Lenin Ramírez y Fidel Rueda

La Arena CDMX se volvió rancho grande la noche de este jueves 27 de agosto.

No fue una fecha más en el calendario del regional mexicano. Fue una noche de reencuentro para miles de seguidores que llegaron con sombrero bien puesto, bota limpia y la garganta lista para cantar. El motivo: Alfredo Ríos, El Komander, y su gira «De Rancho en Rancho con Amigos».

Desde temprana hora se veía venir el ambiente. Afuera del recinto de Azcapotzalco, el desfile de camionetas, las hieleras y el olor a carne asada improvisada anunciaban que la raza iba con todo. Adentro, el griterío no paró.

El primero en calentar el terreno fue Fidel Rueda. El sinaloense, con ese estilo que lo hizo transitar del norteño-banda al sonido más romántico sin perder identidad, puso el toque nostálgico. Temas como «Y tú que harías» y «Enhorabuena» fueron coreados con cerveza en mano, recordando por qué su voz sigue vigente a más de una década de su boom.

Le siguió Lenin Ramírez. Más crudo, más de sentimiento ranchero. El de Culiacán llegó a ponerle el filo norteño a la noche. Sin tanto artificio, con su acordeón y su voz rasgada, conectó directo con la gente que venía a cantar desamores y corridos de esos que se sienten en el pecho.

Y entonces, la Arena se cimbró.

Pasadas las 10 de la noche, con una producción sencilla pero efectiva, luces, banda completa y su característico grito de guerra, apareció El Komander. De traje, con sombrero y la seguridad de quien sabe que pisa un terreno que él mismo ayudó a construir.

Lo que vino después fue un repaso sin tregua por la historia del movimiento alterado. «Mafia Nueva», «El Katch», «Soy de Rancho», «El Toro Encartado»… Uno tras otro. No hubo canción que no fuera respondida con cientos de celulares arriba y un coro ensordecedor.

El Komander no necesita coreografías. Su fuerza está en la narrativa, en esa conexión de compas que ha sabido cultivar durante más de 15 años de carrera. Y anoche en la Arena, esa fórmula quedó más que comprobada.

El punto más alto llegó cuando los tres se juntaron en el escenario. Lenin, Fidel y El Komander compartiendo micrófono, echando trago y cantando como en una bohemia de rancho, pero frente a más de 18 mil almas. Esa es la esencia de «De Rancho en Rancho»: llevar la camaradería del campo a los grandes foros de la ciudad.

La gira deja un mensaje claro: el regional mexicano no es una moda pasajera en la capital. Es una cultura consolidada. Mientras en la radio suenan otros géneros, aquí, en Azcapotzalco, la prueba está a la vista. La gente paga boleto, se uniforma y canta tres horas sin parar.

La noche cerró pasada la una de la mañana, con la gente todavía pidiendo otra, con la Arena convertida en un gran palenque.

El Komander lo volvió a hacer. Demostró que cuando hay ambiente grupero, el rancho no importa donde esté, se hace presente. Y anoche, el rancho se instaló en plena Ciudad de México.

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