PEDRINA, desde COLOMBIA, conquista la CDMX con “SALÓN PARAÍSO”: UNA NOCHE DE BOLERO, CUMBIA y NOSTALGIA
Por: Cristy Padrón
Fotos: Omar Castillo
La cantante y compositora colombiana se presentó el 19 de septiembre en el Bajo Circuito con un espectáculo elegante, bailable y profundamente latinoamericano
Directo desde Colombia, con el sabor del Caribe y la elegancia del bolero a cuestas, Pedrina llegó al Multiforo Urbano Bajo Circuito para presentar “Salón Paraíso”, un espectáculo conceptual que es mucho más que un concierto: es una declaración de principios sobre lo que significa ser una mujer latina cantando en 2026.
Ante un público que llenó el foro de la Roma-Condesa, la cantante y compositora —ex vocalista de Pedrina y Río y una de las voces más interesantes de la nueva escena colombiana— ofreció una noche íntima, sofisticada y, a ratos, deliciosamente bailable.
UN VIAJE POR SU HISTORIA Y SU NUEVA ETAPA
El repertorio fue un recorrido perfectamente hilvanado entre el ayer y el hoy. Pedrina no olvidó las canciones que la dieron a conocer y que el público capitalino coreó de principio a fin: “Enamorada”, “Yo te adoré”, “Serás” y “Pedacito de mi vida”, himnos del pop alternativo colombiano que ya son parte del cancionero sentimental de una generación.

Pero el corazón de la noche estuvo en su nueva etapa como solista. Temas como “Mamita querida” y “Otra Dimensión” confirmaron la madurez de su propuesta: una mujer que toma el bolero de sus abuelas, le inyecta la cumbia de su tierra, lo viste con un pop retro de tintes cinematográficos y lo convierte en algo completamente nuevo.
Acompañada de una banda impecable —con tres metales, percusiones y un piano que era el alma del salón—, Pedrina logró lo que pocos: poner a bailar pegadito y a cantar a gritos en la misma canción.
EL SELLO DE UNA LATINOAMERICANA
Con una propuesta fresca, elegante, sin pretensiones y llena de identidad latinoamericana, Pedrina no vino a imitar a nadie. Vino a reivindicar el salón de baile, el glamour de los años 50, la nostalgia del vinilo y la fuerza de la cumbia hecha por mujeres.
Vestida de rojo, con una presencia escénica arrolladora y una voz que transita del susurro al poderío con una naturalidad asombrosa, la colombiana convirtió el Bajo Circuito en lo que prometía su nombre: un auténtico Salón Paraíso.
Fue una celebración de música, de nostalgia y de baile. Una noche donde Colombia y México se abrazaron a través de una artista que entiende que nuestras raíces no son opuestas, son complementarias.
Pedrina llegó desde Colombia y, sin hacer ruido, sin escándalo, dejó su sello indeleble en la CDMX. Quienes estuvimos ahí lo sabemos: acabamos de ver a una de las grandes.






