Por: Héctor Márquez
Fotos: Omar Castillo
La banda argentina de Morón se presentó por primera vez en la CDMX el pasado viernes 25 de septiembre con un show de alto voltaje que confirmó por qué es el acto más ruidoso y necesario del nuevo rock latinoamericano
Hay debuts que se agradecen y debuts que se necesitan. El de Winona Riders pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
El pasado viernes 25 de septiembre, el Foro Puebla de la colonia Roma —ese pequeño búnker de mil almas en Puebla 186— se convirtió en una caldera. Por primera vez en México, Winona Riders, el quinteto salido de Morón, en el oeste profundo del conurbano bonaerense, cumplió su promesa y rompió la relación a distancia.

“Es como una relación por Tinder. Al final, te vas a conocer”, habían dicho días antes en conferencia de prensa. Y vaya que nos conocimos.
EL OFICIO DEL FUZZ
A las 21:15 horas, con boletos agotados en pista y balcón, Ariel Mirabal Nigrelli (guitarra y voz), Ricardo Morales, Gabriel Torres Carabajal, Santiago Vidiri y Francisco Cirillo subieron sin aspavientos. No hubo intro, no hubo telón. Un conteo y un mazazo: “0%”, el tema que da título a su quinto álbum en tres años, fue el primer escupitajo de fuzz.
Lo que siguió durante casi dos horas fue un manual de cómo se debe tocar rock en 2026. Sin poses, sin pistas, sin concesiones. Winona Riders no vino a gustar, vino a incomodar, a saturar, a dejar sordos. Y lo logró.

El repertorio hiló con inteligencia su frenética discografía —Esto es lo que obtenés cuando te cansás de lo que ya obtuviste (2023), No hagas que me arrepienta (2024) y 0% (2026)— con piezas ya de culto en el under sudamericano como “¿Así Que Te Gusta Hacerte El Lou Reed?”, “Dorado y Púrpura”, “Dopamina” y “Mirá La Luna”.
En vivo, sus canciones crecen. Se estiran, se deforman, se vuelven jams hipnóticos de kraut-rock y post-punk que recuerdan a los mejores momentos de Spacemen 3 cruzados con el nervio de Los Natas. Cada tema de 0% sonó más pesado, más sucio y más urgente que en estudio. Como debe ser.
CONTRA LA ETIQUETA
En una escena donde todavía se discute qué es y qué no es rock, Winona Riders ya entendió todo. “No nos gusta que nos pongan una etiqueta. No queremos que nos pongan un límite solo por ser una banda nueva”, sostuvieron. Y en el Foro Puebla lo demostraron.

Pasaron del stoner al noise, de la psicodelia al punk en un parpadeo. El público —mayoritariamente joven, pero con varios veteranos del Foro Alicia que olieron el peligro— pogueó en pista, coreó riffs y no dejó de gritar “¡otra, otra!” hasta que la banda regresó para cerrar con una versión de más de ocho minutos de “Te Ne”, con feedback infinito y los cinco músicos tirados en el suelo, como si el escenario fuera una trinchera.
Fue el debut soñado. Íntimo, ruidoso, honesto. Winona Riders eligió el Foro Puebla por encima de foros más grandes porque quería contacto directo. Lo tuvo. Sudor, cerveza, distorsión y un público mexicano que, después de conocerlos solo por plataformas, por fin los sintió en los huesos.
El rock argentino tiene nueva exportación. Y si esta noche fue la primera cita, que vengan muchas más.






